Maternar es un acto de amor: una reflexión desde Wegest

En su columna “El valor de maternar”, publicada en La República, Brigitte Baptiste, referente en Colombia en temas de sostenibilidad, diversidad e identidad de género, nos recuerda algo que en Wegest vivimos cada día: que elegir la subrogación es transformar el deseo más profundo de ser familia en un acto de amor, y que son precisamente esos actos los que nos hacen verdaderamente humanos.

Baptiste señala que adoptar, acoger, acudir a la maternidad subrogada o dedicar la vida al cuidado de otros son formas de convertir lo que dispuso la evolución en decisiones profundamente humanas. No son caminos alternativos ni secundarios. Son caminos igualmente válidos, igualmente dignos, igualmente poderosos.

Durante más de 20 años, nuestro equipo ha caminado junto a personas que eligieron uno de esos caminos: la subrogación. Hemos acompañado a parejas masculinas que soñaron con ser padres, a mujeres solteras que decidieron serlo en sus propios términos, a parejas heterosexuales que enfrentaron años de tratamientos sin resultado, y a familias de distintas nacionalidades y contextos que encontraron en este proceso una puerta hacia el sueño que no querían abandonar.

Lo que Baptiste describe como maternidades significativas, aquellas que se producen en la solidaridad y la experiencia colectiva, es exactamente lo que intentamos construir en cada proceso. La subrogación no es un trámite. Es una decisión tomada con claridad, con generosidad, con respeto mutuo entre la gestante y los padres intencionales. Es un acto que requiere acompañamiento médico, legal, psicológico y, sobre todo, humano.

Colombia, como señala Baptiste, vive actualmente un debate legislativo sobre la regulación de la subrogación. Desde Wegest celebramos esa conversación porque la visibilidad y la regulación son señales de madurez social. Un marco legal claro protege a todas las partes: a la gestante, a los padres intencionales y, sobre todo, al bebé que llegará al mundo en un entorno de dignidad y derechos.

Construir una familia nunca ha sido un acto exclusivamente biológico. Ha sido siempre un acto de voluntad, de amor, de comunidad.